Llevo 2 años metido en el mundo maker. Impresoras 3D, láser, procesos creativos, tinkering, pensamiento computacional… y de repente estos días, gracias sobretodo a un experimento del Zulema del CESIRE, de Carlos y del espirutu maker de mi papi,, me he dado cuenta de una cosa bastante absurda.
Soy un maker de boquilla.
En el colegio monto un FAIGLab, hablo de prototipar, de aprender haciendo, de perder el miedo al error… y luego en mi casa se mueve una lámpara y mi reacción automática es: “ya vendrá alguien a arreglarla”.
Pues no.
El otro día cogí un destornillador y apreté la lámpara. Y hoy he revisado un enchufe. Y puede parecer una tontería monumental, pero para mí no lo ha sido.
Porque me he dado cuenta de que lo que me da miedo no es la herramienta. Lo que me da miedo es no saber.
Tengo 46 años y me he pasado media vida usando cosas sin entender cómo están hechas. Enciendo una luz, conecto un cargador, cuelgo una lámpara y doy por hecho que eso “funciona”. Pero nunca me había parado a pensar que alguien lo montó, lo atornilló, lo cableó y seguramente también la lió varias veces antes de que quedara bien.
Y ahí me ha explotado algo en la cabeza.
Llevo años diciéndoles a mis alumnos que aprendan haciendo, que se equivoquen, que desmonten ideas y las vuelvan a montar. Y yo mismo llevaba tiempo evitando desmontar cosas reales.
Así que me he puesto un reto muy simple y muy poco épico: aprender bricolaje básico y dejar de llamar “magia” a todo lo que hay detrás de una pared o de un aparato.
No quiero convertirme en electricista, ni en técnico, ni en el nuevo Bricomanía. Quiero perder el miedo.
Quiero poder mirar un enchufe y entender qué estoy viendo. Quiero saber usar un atornillador sin sentir que estoy improvisando. Quiero abrir cosas y no entrar en pánico cuando aparecen cables.
Y sí, probablemente romperé alguna cosa. De hecho, casi seguro.
Pero creo que eso también es ser maker.
No el que tiene el taller más espectacular, sino el que se atreve a tocar algo aunque no tenga ni idea.
La gran aventura de una lámpara y un enchufe ha sido el inicio. Suena ridículo. Y precisamente por eso quería escribirlo aquí.
Porque los cambios importantes no siempre empiezan con un proyecto increíble. A veces empiezan con un destornillador, una lámpara floja y la decisión de dejar de mirar las cosas como usuario para empezar a mirarlas como alguien que puede entenderlas.
Aunque sea tarde.
Aunque vaya lento.
Aunque de momento siga siendo un novato total.

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