Pues nada, que hoy, después de trastear con la de Carlos, he decidido dar un paso más en mi incursión maker y me he llevado prestada una máquina de coser del cole para enfrentarme al apasionante mundo de la costura.
Y oye, ni tan mal.
He conseguido enhebrar la aguja (que ya tiene mérito, porque me ha costado lo suyo), preparar la máquina y empezar a hacer mis primeras pruebas. Líneas rectas, alguna L, curvas… Incluso he experimentado cambiando la tensión del hilo y la distancia entre puntadas para ver qué pasaba.
Vamos, que he estado trasteando y aprendiendo. Que de eso se trata.
Eso sí, no todo podía ser tan bonito. En algún momento he olvidado poner el tope al carrete del hilo y, al final, ha llegado el desastre: un lío monumental con la canilla.
Agobio. Frustración. Y recogida de velas. 😂
He decidido dejarlo estar por hoy. Ya preguntaré qué tengo que hacer para solucionar el problema y poder continuar. Porque una cosa es tener ganas de aprender y otra muy distinta es empeñarse hasta acabar tirando la máquina por la ventana.
Pero, pensándolo bien, hoy he aprendido bastante. He perdido un poco el miedo, he descubierto algunos ajustes y he comprobado que soy capaz de hacer más cosas de las que sabía hace unas horas.
También he descubierto que una máquina de coser tiene más secretos de los que imaginaba.
Así que nada, poquito a poco. Primera toma de contacto, hecha.
Balance del día: aprendizaje, un pequeño agobio y nadie ha salido herido. Ni la máquina ni yo. 😅
Continuará… 🧵
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