Pues resulta que hoy me ha salido un domingo de lo más maker.
He empezado el día cosiendo. Después del desastre monumental con la canilla del otro día, hoy he conseguido solucionar el problema bastante rápido y me he puesto manos a la obra. He trasteado un poco más con la máquina y me he atrevido a hacer un monedero muy básico a partir de un rectángulo de tela.
¿El resultado? Pues oye, bastante resultón. Ahora solo me falta coserle un botón, cosa que me enseñará mi mami, y listo.
Por cierto, hoy he descubierto algo interesante: dejar reposar las cosas funciona. El otro día acabé agobiado con la máquina de coser, pero dejar pasar un tiempo me ha ayudado a volver con otra actitud y las ideas más claras. A veces no hace falta insistir más, sino parar y dejar que todo se coloque un poco.
Y después ha tocado sesión de tapizado con Carlos. ¡Por fin hemos tapizado el respaldo de la butaca! No ha quedado perfecto, seguramente podría haber quedado mejor, pero estamos muy contentos con el resultado. Ya solo nos falta colocar las tachuelas para darle el acabado final.
Si miro atrás, me hace gracia pensar en cómo empezó todo. Una butaca encontrada en un contenedor y una máquina de coser que me daba bastante respeto. Y ahora resulta que los domingos se me quedan cortos para trastear.
Porque una cosa lleva a la otra. Aprendes algo, pierdes un poco el miedo y enseguida te entran ganas de probar otra cosa.
Y ahora quiero más retos.
Esto de hacer cosas con las manos, aprender sobre la marcha y descubrir que soy capaz de enfrentarme a cosas que antes ni me planteaba me está enganchando. Y mucho.

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